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perro-lobo

Por Fernando M. Montes*

En nuestros días, sigue existiendo cierta controversia en lo que se refiere al origen del perro actual. No obstante, en el siguiente artículo, trataremos de exponer las hipótesis más posibles reflejando los estudios realizados, con el fin de que sea el propio lector quien pueda crearse la opinión que le dicte su recto entender.

Nuestra historia comienza hace miles de años, cuando el hombre, observando las cualidades del Lobo, decide utilizarlo para beneficiarse de ellas. La unión entre ambas especies parece cuajar y mientras el hombre aprovecha sus instintos para caza o  guarda, el Lobo obtiene un sustento fácil y satisface sus necesidades básicas, lo que le lleva a apaciguar sus instintos originarios.

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Foto: Cantábrica Salvaje.

A finales del Siglo pasado, se pensaba que el origen del perro, habría tenido lugar hace unos 14.000 años, con la domesticación del Lobo y basándose en que los restos óseos encontrados, tenían esa antigüedad. Sin embargo, nuevos estudios de genética molecular, realizados en aquel entonces, sugieren que su origen se remonta a tiempos mucho más antiguos, datándolo aproximadamente en unos 135.000 años. Recientemente este dato se ha revisado y aunque los científicos no consiguen ponerse de acuerdo, se considera que una antigüedad de entre 30 y 50.000 años, es la más posible.

En un principio, se creyó que el origen de la transición lobo-perro habría tenido lugar en comunidades agrícolas de Oriente Medio, pero una nueva investigación genética realizada en 2010 por Robert Wayne (Ecólogo y Biólogo de UCLA), en compañía de otros colegas de esta Universidad, indica  que los datos analizados no sugieren que necesariamente el perro haya aparecido en Oriente Medio.

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Foto: Cantábrica Salvaje.

Posteriormente y en un estudio de 2016 en el que participo el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, se apunta a que los primeros perros fueron domesticados en Europa por cazadores-recolectores hace entre 19.000 y  32.000 años. Este estudio habría analizado el ADN Mitocondrial de 18 canidos prehistóricos de Eurasia y América de hasta 32.000 años de antigüedad hallados en yacimientos y cuevas de Bélgica, Rusia, Suiza, EEUU, Alaska, Argentina y Alemania comparándolo con perros de muy diversas razas, lobos y coyotes modernos. El análisis descubrió que los perros modernos emparentaban más cercanamente con los canidos prehistóricos europeos incluidos los lobos y ese parentesco es mayor que el que existe entre los canidos prehistóricos europeos y los lobos asiáticos, lo que sugiere que el origen de los perros está en la domesticación de lobos de Europa y no de Asia.

Por tanto estas conclusiones parecen demostrar que los perros domésticos modernos tienen como antecesor al Lobo Gris y se fueron extendiendo desde sus orígenes en Europa a otras regiones del planeta como Oriente Medio, hasta ahora considerado el origen de los mismos y desde ahí, al continente americano en compañía de pueblos nómadas.

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Foto: Cantábrica Salvaje.

El hombre y el lobo, animales fundamentalmente jerárquicos, se constituyen en grupos con objeto de garantizarse su alimento. Esto hace posible que entre hace 30.000 y 50.000 años, hordas humanas cruzaran, se cree que ya con sus perros, por los restos fósiles hallados, desde Siberia hasta Alaska, a través del estrecho de Bering, congelado en aquel entonces.

Paralelamente, otras células humanas, llegaron a Australia también con sus canidos en pequeñas y primitivas canoas. En un principio, perros y hombres convivieron en perfecta simbiosis, aprovechando unos, las facultades de los otros para conseguir sustento. Abundante, por otro lado, en estado salvaje, tales latitudes y esa etapa cronológica.

Con la domesticación de otras especies herbívoras, con las que el hombre creo sus primeras ganaderías hace unos 15.000 años aproximadamente y al no necesitarlo para cazar, se fue quebrando la simbiosis hombre-perro. El primero ya no necesita a los segundos y estos necesitan a sus ganaderías al escasear la caza salvaje tras ser capturada por los humanos para sus propios intereses y haberse habituado a obtener el sustento de la mano del hombre. Todo ello hace, que aquellos perros originarios, hayan de buscar de nuevo su vida salvaje y ahora lo hagan, como parásitos humanos al tener que atacar sus rebaños, merodear por sus poblados o aprovechar sus desechos. A partir de entonces, de la ruptura de esta simbiosis, comienza la persecución hombre-lobo.

Visto lo anterior, parece lógico preguntarse cómo se inició esta relación de conveniencia, que ocurrió en aquel tiempo, para que un animal como el legendario Lobo, se haya convertido en nuestro perro actual.

Para explicarlo existen dos teorías:

Una de ellas, que podríamos calificar como tradicional, plantea que fue el hombre, quien selecciono los ejemplares más sociables y que mostraban niveles más bajos de agresión e instintos menos extremos. De estos progenitores mansos, consiguió obtener ejemplares que podían llegar a convivir en los poblados. Estos individuos adoptados por el hombre, habrían ido aplacando progresivamente sus instintos por no necesitarlos para la subsistencia y a través de numerosas generaciones irían dando paso al perro actual.

La segunda teoría es ciertamente sorprendente y formulada en el año 2001, por Raymond Coppinger (Profesor de Biología Universidad de Hampshire, Inglaterra), autor de varios libros y que publica: “Perros: Una nueva interpretación sobre su origen, comportamiento y evolución”  en el que junto a  su esposa Lorna, narra una nueva visión sobre el origen del perro actual. Se apoyan para ello, en la rápida evolución observada en el Experimento Belayev, mediante el que demuestra que la evolución de una especie tanto a nivel físico, fisiológico, como conductual es posible en pocas generaciones y de una forma muy rápida ante cambios en el hábitat del animal, argumento que cuestionaría lo que hasta el momento conocíamos a través de la “Teoría de la evolución de las especies” de Darwin , con la que no se podían explicar esos cambios tan rápidos y planteaba que para la aparición de una especie se necesitaban millones de años de selección.

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Foto: Cantábrica Salvaje.

Coppinger expone la siguiente teoría:

No fue el humano quien se acercó a los lobos, sino estos a sus asentamientos en busca de comida fácil. Los menos desconfiados, aquellos que mantenían menos distancia con el hombre, tenían más posibilidades de acceder a sus desechos en la edad de piedra. Según Coppinger, los lobos más cercanos a los asentamientos humanos, los que accedieron a esos recursos, dieron paso a los “protoperros”, perdiendo capacidad cazadora y ganando en adaptabilidad.

Belayev, a través de su experimento con zorros, que apoya la Teoría Coppinger, demostraría las mutaciones genéticas basadas en la docilidad y que científicamente, explicarían los cambios siguientes:

Comportamiento:

  • Cambio en carácter y aspecto.
  • Ladrido.
  • Neotenia.
  • No mostrar temor ante humanos.
  • Cambios en la Adrenalina (Hormona del Peligro) y en Melanina (Hormona del Pigmento y piel), que están químicamente ligadas y cambian juntas.
  • Cambios en los Neurotransmisores que controlan el comportamiento, como la Dopamina (Hormona de la Cognición y aprendizaje), la Noradrenalina o Norepirefrina (Hormona de la Atención y Respuesta, de la Lucha y de la Huida).
  • Se observa un efecto domino entre color y comportamiento en la selección por docilidad.
  • Los perros, según estudios recientes, tendrían una capacidad instintiva y mental inferior a la del Lobo, pues no necesita usarla al tener sus necesidades básicas satisfechas por el Hombre.

Morfológicos:

  • Cambio de color.
  • Orejas caídas.
  • Teniendo una misma fórmula dentaria, en el perro los dientes se hacen más pequeños al no necesitarlos como depredador. El Lobo necesita poderosos molares y dientes carniceros para desgarrar y triturar, así como grandes colmillos para inmovilizar.
  • En el perro el cráneo y el cerebro, se reducen al pasar a ser carroñero y no necesitar la capacidad mental del Lobo para la caza en manada.
  • En el perro, el cuerpo se hace más pequeño al no necesitar envergadura para la caza de piezas.

La diferencia fundamental de la Teoría de Coppinger frente a otras, es que no habría sido el hombre quien decide domesticar al lobo y se aproxima a él, sino que es el lobo quien decide acercarse al hombre como fuente fácil de recursos, se autodomestica. El resultado de ello, 15.000 años después, son nuestros perros.

Llegados a este punto, podemos tener una opinión propia de cuál ha sido el origen y el ámbito geográfico en el que nacieron nuestros perros. Ahora bien, ¿en que se parece un Lobo a un Perro?, ¿en qué se diferencian?

No es necesario precisar el enorme parecido entre ambas especies. Arcaicos unos y evolucionados otros por la influencia del hombre. Los cánidos, de los que lobo y perro son representantes, poseen una idéntica fórmula dentaria, un pelaje similar pero adaptado a su medio en cada caso o unas semejantes glándulas olfativas que  se utilizan de forma fundamental para la supervivencia.

Según podemos deducir del presente artículo, a lo largo del proceso de domesticación, fueron genética y conductualmente buscados por nuestros antepasados, individuos que mostraban mayores tendencias a la docilidad, juego y adaptación al medio. Es decir, nuestros antepasados buscaron de aquellos Lobos originarios, los que evidenciaban unas conductas más juveniles. Miles de años más tarde y en la época actual, comprobamos como fruto de esa selección realizada en aquel entonces, como nuestro perro muestra un comportamiento similar al Lobo, pero no al de un Lobo adulto, sino al de un Lobo joven. Es el incansable “tontorrón”  que juega una y otra vez con nosotros a cualquier cosa que logre satisfacer aquel inicial instinto de caza que un día tuvo y que entonces utilizo para la supervivencia. Este fenómeno se define como “NEOTENIA” y es la capacidad de un ser vivo para conservar sus comportamientos y caracteres juveniles en la edad adulta. La “Neotenia” constituye una de las principales diferencias entre ambos y es consecuencia de otras. Ella explica las diferencias de comportamientos que presentan algunas razas, mucho más infantiles que otras. Hablaríamos de razas más neotenicas y otras menos neotenicas. Claro ejemplo de las menos neotenicas y que denotan aquel comportamiento de sobra por todos conocidos, pero no sabemos exponer, es el de las razas nórdicas, en el que estaría más próximo al de un Lobo adulto, que al de la mayoría de razas de perros. Lo mismo podríamos decir del Perro Lobo Checo.

Es importante señalar que en la evolución del ser humano se ha producido también un proceso de Neotenia en nuestra especie. Así pues, en cierto modo, los seres humanos, los perros y los lobos, compartimos no solo varias decenas de miles de años, sino también algunos rasgos biológicos. Cuestiones como esta, explicarían lo que sostienen algunos científicos, que opinan que no solo el Lobo recibió la impronta del Hombre, sino que este también recibió la del Lobo.

En esencia y bajo un punto de vista personal, hay un dato primordial, que hace fácilmente distinguible al perro del lobo. El primero, se encuentra cómodo con los humanos fruto de su convivencia durante cientos de años y generaciones. El segundo, desconfía y rehúye del referido, como consecuencia de las décadas de vida en manada y libertad.

La gran cantidad de razas y sus diferentes morfologías, llevaron a muchos expertos a considerar la posibilidad de que el perro pudiera ser el descendiente de más de una especie de canidos salvajes.

Konrad Lorenz (Premio Nobel de Medicina y Fisiología) por sus estudios sobre el comportamiento de los animales, propuso que algunas razas nórdicas, procedían del lobo y otras, la mayoría, del chacal. Los estudios genéticos sin embargo han demostrado que todas las razas de perro sin excepción proceden de un único antepasado: El Lobo Gris.

Robert Wayne, Biólogo de UCLA, realizo una serie de estudios en los que comprobó que lobos que seguían a manadas de Caribús de la Tundra Ártica durante sus migraciones, cuando regresaban a su territorio, no se apareaban con los lobos que no se habían desplazado. Hecho que si ponemos en consonancia con aquellos primeros perros que se desplazaban con los grupos humanos, constataría que renunciaban a su territorialidad y se cruzarían entre ellos a través de generaciones, variando el hábitat en el que se desenvolvían, lo que explicaría esta posible divergencia genética y morfológica.

Perro y lobo se engloban dentro de la familia de los cánidos (canidae) en el género canis, en el que el lobo recibe el nombre de canis lupus y el perro, el mismo, eliminando el lupus o añadiendo en ambos casos la palabra familiaris que lo distingue del lobo. Los diferencia su adaptación al medio. El perro evolucionó hacia una vida en sociedad, mientras el lobo continuó en su estado salvaje. Ésta evolución podemos observarla a la inversa, en otros miembros genéricos de la familia canis. Ejemplo claro de ello, pueden ser los dingos australianos que llegaron como perros a dicho continente, pero de los que algunos ejemplares, se fueron adaptando más hacia la vida en libertad. Fruto de ello, y tras su asilvestramiento, hoy forma un eslabón más de la cadena canis y es considerado un súper depredador en tan distante continente. El género canis, aglutina un total de 32 especies distintas de lobo y decenas de razas de perros. Todas y cada una de ellas se han adaptado, bien sea, en sociedad o libertad, a la vida en su medio.

Si bien algunos científicos han demostrado que la línea filogenética es prácticamente la misma (99,8 %), por lo que muchos se decantan en no considerar al perro como especie, sino subespecie del Lobo gris, otros consideran que sus diferencias vienen dadas por sus comportamientos y la forma de vida en que se desenvuelven.

La naturaleza, ejerció con el lobo la selección natural, que hace que los individuos muten, tanto a nivel morfológico, como comportamental, a los más adecuados a su medio. En el perro, esta selección la hace el hombre, algo que Konrad Lorenz (autor del libro: “Cuando el hombre encontró al perro”, 1975), calificó como “La evolución regresiva” y que no es otra, que desarrollar al máximo los potenciales de cada perro, hacia el fin en el que va a ser usado. El perro es pues, fruto de la selección artificial. Los últimos avances en el estudio del ADN mitocondrial indican de forma rotunda que el perro desciende exclusivamente del lobo. No obstante, la biología, en su acepción clásica, explica que no podemos hablar de especiación cuando al cruzar ejemplares de dos razas diferentes, los híbridos resultantes tienen la misma eficiencia biológica, pues esto indica que la divergencia genética es muy baja. Algunos estudiosos, también se inclinan a opinar, que puede ser una subespecie del lobo. David Nieto Maceín, expone en su libro “Etología del lobo y el perro” que no es tan importante para él, su cercanía filogenética, como la relación de su conducta con la influencia de esta en el ecosistema y morfo funcionalidad, que hacen sean para él, 2 especies distintas. En definitiva, plantea: una especie posee mayor identidad por su diferenciación etoecológica que por la genética.

A lo largo del presente artículo intentamos contagiar al lector esa pasión nuestra por los peludos, animándole a contribuir buscando los por que a tantas preguntas sin respuesta o con ella subjetiva. En el maravilloso mundo del perro y como habrán podido comprobar en este artículo, somos aprendices de una asignatura inconclusa. Nuestra intención es aportar una visión global, amparada por diversos estudios para propiciar que cada uno, se pueda crear su propia opinión. Muchos la tenemos, pero las conclusiones científicas se hacen esperar y es posible que en diversos aspectos, los que ahora pretendemos conocerlas, nunca lleguemos a obtenerlas.

*Fernando es Adiestrador y Técnico en modificación de conducta de EFPC,  Educador Canino del Principado de Asturias, Instructor/Formador de Guías Caninos en Seguridad Privada, Experto Universitario en Aprendizaje Animal, Adiestrador y comportamentalista Canino de la ANACP. CV de Fernando en LINKEDIN.

Bibliografía y artículos consultados:

  • Etología del Lobo y el Perro, Autor: David Nieto Maceín. (Editorial Tundra).
  • Perros: Una nueva interpretación sobre su origen, comportamiento y evolución. Autores: Raymond Coppinger y Lorna Coppinger. (Editorial Ateles).

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